martes, 26 de julio de 2016

Allá donde las masacres se cometen cada día

El sábado explotó una bomba en Kabul, la capital de Afganistán, muriendo 80 personas y dejando a otras 231 heridas. A pesar de que el atentado ha sido reivindicado por el Califato Islámico, no ha habido comunicados de protesta, minutos de silencio, ni siquiera noticias, ni fotos, ni primeras planas... Nada.

De ninguna de las maneras la acción se puede calificar de indiscriminada. Lo mismo que el atentado de Bagdad unos días antes, en Kabul el objetivo fueron los chiítas, llamados “hazara” en Afganistán.

Desde que en 2009 empezaron los recuentos de crímenes en Afganistán, el primer semestre de este año ha batido un récord con 5.166 víctimas civiles, según cifras oficiales de la Unama, la Misión de Asistencia de la ONU en Afganistán. ¿Qué hubiera ocurrido si ese número de víctimas se hubieran producido en Francia?

La estadística es más dramática si tenemos en cuenta detalles, como que un tercio de los muertos eran niños. ¿Qué hubiera ocurrido si hubiéramos visto en las noticias de la televisión a los niños franceses destrozados por las bombas?

Este año el número de víctimas ha subido un 4 por ciento con respecto al semestre anterior. Desde 2009 se han producido 64.000 víctimas civiles, una cifra que deja al margen a los muertos y heridos como consecuencia de la guerra, si es que para la ONU existe alguna diferencia entre una guerra y el reguero cotidiano de atentados, que no es más que otra guerra.

La ONU acusa a los talibanes y al Califato Islámico del 60 por ciento de los atentados, pero falta una buena parte de atentados, que imputa a las “fuerzas gubernamentales”, cuyos crímenes han aumentado un 47 por ciento con respecto al año anterior.

Hay que retener el dato: con la excusa de la guerra contra el terrorismo, en 2001 Estados Unidos invadió y destruyó Afganistán para poner en el gobierno a una banda de terroristas. Lo mismo que en Irak, en Libia y en todos los lugares a los que llegan los imperialistas, lo que siembran es terror y nada más que terror.

¿Que podemos esperar del imperialismo? Una especie muy concreta de terrorismo: el terrorismo de Estado. Si Ustedes quieren acabar con el terrorismo, ¿qué creen que deben hacer?

1 comentario:

  1. Repuesta: Adorarlo, ¡oh, si lo preferís!, dorarlo bien doradito, más de lo que ya lo está, pero de esa otra manera (y para darle vueltas de forma técnica, mejor si clavado en un espetón).
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    ¿Hay por ahí quien/es le ponga/n el cascabel al gato?
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    Mas si queréis un consejo, no tratéis de apoyaros en arenas movedizas proletarias, de esas que si no les dais a cambio algún tipo de cielo por el que luchar, solo cabe que arrearlas para que se muevan, para lo que lamentablemente barrunto que no tenéis lo que se precisa -al margen de la estructura de fuerza necesaria inherente a cualquier estado-, porque también seáis más creyentes de lo que sería preciso en ese producto católico de milenios, que no precisamente es el que yo desearía tener como pueblo.
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    Puede que muchos se manifestasen a priori de acuerdo con vuestros postulados, pero a nada que algún gallito levantase un poco fuerte la voz contradiciéndoos, con toda seguridad veríais abrirse el vacío en torno vuestro.
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    ¿Queréis Che Guevara/s, Simón/es Bolívar y otros motores de liberación, y después quienes estén capacitados para mantener los logros? ¡Pues como no los forméis a tales efectos -así como otra "humanidad menos deleznable-, me da a mí que por aquello del contingentismo vais a tener que esperar a vuestra reencarnación y a que en ella no existan doctrinas de promiscuidad como la impartida por los católicos de occidente, a fin de que por aquello de la igualdad sin matices (al margen de la igualdad jurídico política de derechos en que supuestamente vivimos por acá o acullá), no os tropecéis, además de con el mayor de los desamparos (al modo del famoso predicador de las montañas que fue Jesús, si mal no recuerdo muerto y torturado en el mayor de los desamparos también él), con que os dé reiteradamente por nuestro deconstruido ente popular ya por milenios con el clavo en la cabeza y cosas similares a las padecidas por todo bien constituido en el país de los jorobados. (Y sino dejad vuestras redacciones y salid a predicar y después me contáis.)
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    Podéis darme de misántropo, lo asumo y no lo voy a considerar ofensa; como tampoco si me imputáis falta de empatía: porque yo a veces simpatizo fuertemente y otras me lo impiden fuertes náuseas, debidas a mi ya irremediable sensibilidad.
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    La gente lo que quiere son puestos de trabajo y nada más. La libertad es una vieja, que conocí en la bohemia, al lado de mucha gente, y sin que nadie la viera (me la presentó un buen día Facundo Cabral). Así que, como el tener amos de lo nuestro a mucha gente no le resulta molesto, para que prodigarse estérilmente, cuando nosotros también podemos formar con los amos, porque sobrados de capacidad sí que estamos, si no derrochamos nuestras facultades.
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    Saludo y tal y buen día, compays

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